Capítulo 31: La Represión de los Derrotados

“Los que llegamos a España, fuimos tratados como peligrosos delincuentes. Padecimos tres años de consecutivos interrogatorios en Madrid, fuimos fichados por la Policía, se nos registraros las huellas de todos los dedos de la mano y muchos fueron perseguidos, encarcelados y vejados” La Nueva España 26/06/1988

Los Niños de la Guerra regresaron a una España donde se  habían suprimido las libertades más esenciales como las de expresión, de participación política y de movimiento; se marginó aún más a las mujeres, se persiguió activamente a los rojos (comunistas, republicanos, anarquistas o simples opositores al régimen), a los sospechosos de formar parte de la masonería y hasta a los homosexuales y ateos. Franco tejió una sofisticada red de centros clandestinos de represión y encarcelamiento donde eran habituales los siniestros “paseos” que se hacían al alba y de los que nadie regresaba.

La España Negra, funesta, rancia,  desoladora, donde una población aterrada sobrevivía inmersa en una atmósfera decadente, tétrica, tenebrosa se  daba de bruces con los recuerdos de aquellos niños que la habían abandonado hacía ya más de veinte años.

 “Decidí regresar a España. Me acosaban los recuerdos de mi familia y de mi país y no quería pensar en las dificultades que luego pasaría. El recibimiento que tuvimos los repatriados no tuvo nada que ver con aquel de hacía veinte en Leningrado. Allí en tierra solo nos esperaban policías y funcionarios. No se había dado aviso a las familiar de que volvíamos a nuestra patria. Los funcionarios tomaron nuestras filiaciones y nuestras huellas dactilares. La verdad es que esto último no nos gustó en absoluto, pues, al parecer, al ciudadano “normal” no se le hacía pasar por ese trámite.  Fue la primera vez que nos sentimos discriminados injustamente.

Solo regresaba conmigo mi hermana Loli. Soledad había preferido quedarse en Moscú, dónde se había casado.

Según íbamos acercándonos a Eibar en autobús, el corazón se nos desbocaba, preguntándonos qué nos encontraríamos, pues hacía mucho tiempo que no sabíamos nada de los nuestros. Estaba toda mi familia: madre, hermano y hermana, excepto mi padre, que había muerto en la guerra.  Aquello fue un paroxismo de lágrimas y risas. Mi madre por la emoción, cayó redonda al suelo, perdido el conocimiento. No hubo consecuencias, a pesar de su edad, y al rato estábamos todos hablando a la vez, preguntándonos unos a otros e interrumpiéndonos todo el rato.

Después de dos meses de descanso, recuperación y esfuerzo por conseguir un trabajo, lo encontré en un pequeño taller de carpintería. Me gusta decir que fui muy bien tratado por los compañeros, pero no así por los patrones. (…)

No llevaba mucho tiempo en Eibar cuando me citaron en la Comisaría de Policía para hacerme una serie de de preguntas sobre mi vida en la URSS. Mis respuestas siempre fueron favorables a aquel gran país e insistía que había sido muy feliz y estaba orgulloso de haber vivido allí.  Cuando acabó el interrogatorio, me quisieron entregar un carnet de identidad algo “especial”; era diferente al de los demás ciudadanos, como si quisieran marcarnos de la alguna forma. Lo rechacé indignado, diciéndoles que no eran ya tiempos de discriminar tal ligeramente a la gente. En Madrid, a dónde me hicieron ir, ocurrió la misma historia: preguntas, respuestas y posturas (…)

No había forma de que me dejaran vivir y trabajar en paz. Una noche de febrero de 1962 se presentó la policía en casa y me llevaron a la Comisaría para ser interrogado intensamente. De allí, por carretera, me trasladaron a Bilbao y de nuevo los interrogatorios y los malos tratos. Conmigo habían sido detenidos otros cuatro repatriados de la URSS (…). A todos nos acusaban de propaganda y asociación ilegales; en una palabra, de ser comunistas y demostrarlo hablando bien de la Unión Soviética.

De aquella Comisaría nos llevaron a la cárcel de Rinaga, en el mismo Bilbao, y allí nos tuvieron nueve meses…”  – Testimonio de Domingo Ferrerio Rueda, San Sebastián  “Los niños españoles evacuados a la URSS” – Enrique Zafra, Rosalía Crego, Carmen Heredia.

Se calcula que un 20% de los niños españoles evacuados a la URSS que regresaron a España acabaron volviendo a la Unión Soviética con la desilusión pintada en su rostro…

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Una respuesta a Capítulo 31: La Represión de los Derrotados

  1. Trinidad Perez dijo:

    Ya está todo dicho, es pura verdad, a todos los que volvimos nos pasó lo mismo.-Que el mundo lo lea y lo divulgue, para que estas atrocidades no vuelvan a repetirse.-

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