Pinceladas de mi historia (II)

Mi abuela se dio de bruces con la realidad soviética nada más llegar. Lo que ella había oído del comunismo no era aquella vida gris a la que ahora se enfrentaba. Venía de una España descuartizada por la guerra y había aprendido a prescindir de todo lujo, pero viniendo de una familia acomodada como la suya, el día a día en el “paraíso” soviético se convirtió en un suplicio.

Mi abuela poco antes de dejar España.

Llegaron a la Unión Soviética con lo puesto. Como a tantos otros exiliados los alojaron en antiguos hoteles donde les correspondía una estancia por familia. Las habitaciones eran pequeñas y todas iguales independientemente del número de personas alojadas en ellas. Las camas separadas por cortinas improvisadas con sábanas constituían la única intimidad de sus habitantes. El baño, al final del pasillo.

La Segunda Guerra Mundial separó a mi abuelo de la familia. Se tuvo que ir al frente incorporándose al Ejército Rojo en calidad de médico. Mi abuela se quedó sola con mi madre que apenas contaba cinco años y con mi tío, nacido ya en Rusia. A pesar de los bombardeos, se negó a que evacuaran a sus hijos y desatendió las órdenes del Partido Comunista Español de enviarlos junto con los demás niños españoles lejos de las zonas de peligro: quizás conocía la historia de las evacuaciones sin regreso, quizás temió la separación, quizás sabía que eran los últimos meses que podría compartir con sus hijos…

Poco antes de finalizar la guerra, en 1943, mi abuela murió en Moscú víctima de un cáncer. Dijeron que fue una leucemia que contrajo mientras ejercía de radióloga en España y que las radiaciones habían mellado su cuerpo. Yo creo que murió de pena, desdicha y soledad.

Mi madre y mi tío se quedaron solos en una ciudad aniquilada por las bombas…

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Una respuesta a Pinceladas de mi historia (II)

  1. narbona dijo:

    Gracias por compartir esto. Nuestra Historia, y duele más la más reciente (especialmente si no es conocida y se oculta), está preñada de españoles que tuvieron que verse en el exilio gracias a la permanente intolerancia de esos a los que Gil de Biedma definiera como “cabreros” (“Intratable país de cabreros”)
    Muy bien por el artículo.

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