Capítulo 18 – Primer traspiés para el regreso.

El gobierno ruso y español vivían en un clima de ignorancia mutua que dificultaba cualquier acuerdo de extradición de los niños. Tanto Franco como Stalin, utilizaban el asunto como propaganda política pasando la bola al campo contrario.

Los niños de entonces, eran ya adultos que compartían más recuerdos con su nueva patria que con España. A pesar de eso, muchos eran los que solicitaban regresar a su país. El Partido Comunista Español, desatendía las constantes peticiones y tachaba de desagradecidos a aquellos que pretendían el regreso.

“No permitiremos que nuestros héroes regresen a una España fascista dónde el régimen de Franco atacará sin piedad sus ideales comunistas” (Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”)

Las autoridades rusas eran menos diplomáticas y castigaban duramente cualquier voluntad de abandonar la Unión Soviética. Aquellos que solicitaban el regreso perdían el derecho al trabajo o el derecho a vivienda o simplemente eran expulsados del Partido  lo que significaba prácticamente perder el derecho a existir. Los niños eran ahora ciudadanos rusos y como tales tenían que servir incondicionalmente a su país.

Tras el final de la guerra, los niños fueron reagrupados de nuevo en las principales “Casas de Niños”, ahora “Casas de Jóvenes”, de Moscú y Leningrado. Muchos de ellos ya habían alcanzado la mayoría de edad y fueron reclutados para trabajar en fábricas. Otros tuvieron la suerte de seguir con sus estudios. En todo caso, el gobierno ya no podía hacerse responsable de ellos.

La miseria y el hambre en el periodo de posguerra afectó por igual a Rusos y Españoles. Todo valía para ganarse algún favor del partido que generalmente llegaba en forma de alimento o privilegio. La URSS se hundió en un clima de “denuncia del prójimo” que iba más allá de la ética y de la razón. Cualquier comportamiento podía ser interpretado como “antistalinista”, denunciado y castigado duramente.

“Estaba el chaval pintando la fachada de una casa y para no manchar el suelo, colocó una serie de periódicos con la mala suerte de que en uno de ellos, estaba la foto de Stalin que el pobre pisaba mientras pintaba. Alguien lo vió, porque en seguida llegó la policía y se lo llevaron. Supimos que fue deportado a un campo en Siberia en el que murió poco después”. Testimonio de un niño de la guerra para el periódico Le Figaro Magazine del 21 de Mayo de 1986.

En la Unión Soviética: el hambre, el clima del terror…y en España el pánico a lo desconocido…

Sigue la historia de los Niños de la Guerra desde el Capítulo 1

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Una respuesta a Capítulo 18 – Primer traspiés para el regreso.

  1. agraderzo por todos estos comentarios.-LOs leo y los leo todos los días.LLoro, por que es mi vida y de mi hermano,Soy Trinidad Perez,de 82 años vivo en Mendoza, >Argentina.-

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