Capítulo 15: El dramático Sitio de Leningrado

Aunque las mayoría de los niños fueron evacuadas a territorios menos hostiles, algunos quedaron atrapados por el rápido avance de las tropas alemanas y tuvieron que vivir aún más de cerca los horrores de la guerra.

Este fue el caso de muchos niños españoles de las casas de Leningrado que permanecieron en la ciudad durante buena parte  del famoso “Sitio de Leningrado”.

La estrategia de Hitler para tomar la segunda ciudad más importante de la URSS fue inicialmente la de la invasión pero los rusos construyeron una defensa alrededor de la ciudad que dificultaba el ataque así que decidió sitiar la ciudad y dejar que más de 3.000.000 de personas murieran de hambre y frío.

Los almacenes de provisiones fueron bombardeados así como las principales rutas ferroviarias que abastecían a la ciudad. La única vía de escape y de posible abastecimiento era el congelado lago Ladoga : un camino peligroso constantemente acechado por las bombas alemanas.

El hambre empezó a notarse muy pronto. Aquel gélido invierno las temperaturas estaban descendiendo por debajo de los cuarenta grados y la falta de electricidad debido al bloqueo aceleró dramáticamente la tasa de mortalidad. Los ciudadanos fueron jerarquizados en pro de sus capacidades, los obreros  y hombres tuvieron que ser los mejor alimentados y las mujeres y los niños que contribuían menos a la manutención de la ciudad, vieron reducidas sus raciones de comida a la nada.

La ciudad como era lógico cayó en “el primitivismo”, se dieron casos de corrupción, de mercado negro, de canibalismo. El horror se convirtió en algo cotidiano en Leningrado: al menos 20 mil personas morían cada día en una ciudad fantasma.

La gente empezó a ingeniársela para llevarse algo a la boca, fue cotidiano ingerir papel, serrín, sucedáneo de pegamento… ante la falta de alimentos, el pan se adulteró con virutas de madera con lo que los casos de disentería y desnutrición se dispararon.

La única vía de salvación seguía siendo el Lago  helado de Ladoga, pero hacía falta que el hielo tuviese un espesor de al menos 2 metros para sostener el peso de los camiones. Por primera vez en muchos meses, el pueblo de Leningrado rezó al unísono para que hiciese más frío. Un voluntario a caballo fue enviado a través del congelado lago para probar la nueva pista. La  “carretera de la vida” como pronto la llamaron era transitable. En pocos días, la nueva vía estaba en plena actividad.  Pero el recorrido era extremadamente peligroso: las bombas alemanas provocaban grietas en el hielo que literalmente engullían  los camiones. Para intentar escapar de los bombardeos, la ruta del lago empezó a utilizarse de noche pero en estas condiciones los camiones  se extraviaban en las tormentas de hielo y con ellos los tan preciados víveres.

Este mismo y tortuoso camino fue el que siguieron los niños españoles, que poco antes del deshielo, en una noche fría de marzo, fueron introducidos en camiones y trasladados a través del lago hacia las tierras agrícolas de Kubán. Fueron de los primeros civiles en abandonar Leningrado…

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