Capítulo 13 – Segunda evacuación

El plan de Hilter consistía en ocupar la línea Leningrado-Moscú-Kiev dónde se encontraba la mayor parte de la industria de guerra soviética y la inmensa mayoría de la población civil. En esta misma línea geográfica se encontraban también las Casas de Niños.  

Las penalidades que sufrieron los niños españoles en el transcurso de las evacuaciones y en los años posteriores resume la tragedia de todo un pueblo, de toda una nación. Durante un tiempo, los niños siguieron gozando de ciertos privilegios con respecto al resto de la población rusa y muchos son los que recuerdan como durante el duro invierno las primeras mantas y alimentos siempre eran para los “hijos del siempre heroico pueblo español”.

Muchos fueron los españoles que murieron en este periodo. Los bombardeos, el frío, el hambre y las enfermedades hicieron estragos entre los niños. Numerosos fueron también los españoles que, en el intento de ayudar a defender a la nación que tan bien les había acogido, se alistaron en las Fuerzas Armadas Soviéticas. Algunos de ellos incluso falsificaron su edad para ser admitidos. Muchos pagaron con su vida la gratitud hacia su nueva patria.

 La mayor parte de las casas de niños, fueron evacuadas hacia la región de los montes Urales y a las repúblicas soviéticas del Asia Central. La finalidad de tales evacuaciones, fue alejar a los pequeños de los territorios más duramente afectados por la guerra. Las evacuaciones no eran solo privilegio de los españoles: miles de niños soviéticos fueron igualmente movilizados y evacuados a regiones menos conflictivas.

El desplazamiento hasta sus destinos fue tremendamente duro. Muchos tardaron semanas, incluso meses en llegar. Los trayectos se realizaban bien en tren bien a pie. Las vías ferroviarias tenían que dejar prioridad a los convoyes militares y las paradas de los trenes dónde viajaban los niños eran constantes.

“Uno de los niños pequeños que viajaba con nosotros estaba enfermo de tuberculosis, lo tendríamos que haber dejado en el hospital militar, pero los bombardeos eran constantes y decidimos llevarlo con nosotros. Durante la primera parte del viaje en tren, intentábamos evitar el contagio manteniendo al pequeño alejado del grupo pero los espacios eran mínimos y pronto el contagio fue inevitable. El frío y la falta de medicamentos hizo el resto. Perdimos a 17 niños”. Cuenta una de las educadoras evacuada.

“Las paradas de los trenes eran constantes, así que muchos niños aprovechaban para bajar del tren, estirar las piernas, hacer sus necesidades. Era imposible controlarlos a todos. El tren arrancaba sin previo aviso y se llevaba por delante a alguno. Dos chicas de mi grupo, perdieron las piernas. Tuvimos que acondicionar unas camillas hechas de ramas y como el trayecto último se hizo a pie, los más mayores cargaron con ellas. Se quedaron rezagados del grupo y cayeron en manos de los alemanes que venían pisándonos los talones”.

Grandes dramas contados  por pequeños héroes. Desgraciadamente, todavía quedaba mucho por superar…

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