Capítulo 4 – Las casas de niños

A finales de 1938 se contaban un total de catorce “casas de niños” en toda la URSS : una en el centro de Moscú (conocida como Piragovskaya) dos en la zona de Leningrado y las demás repartidas por el territorio Ucraniano (Odesa, Kiev , Eupatoria…). En cada una de ellas, los niños estaban acompañados de educadores, profesores y personal auxiliar.

 “La casa se hallaba en una de las zonas más bonitas de la capital, en un palacete que antes de la Revolución había pertenecido a un conde. Todo era magnífico: el enorme acuario de peces de colores, las palmeras en cubetas de madera, la espaciosa escalera de mármol, los salones de reluciente parqué…”  Mi Infancia en Moscú – José Fernández Sánchez.

A medida que los niños iban llegando se les iba asignando una casa. Hermanos, primos, parientes nunca eran separados, y en la medida de lo posible, se intentaba unificar a los niños por provincias para mantener intactas las raíces con su pueblo. A medida que se iban ocupando las casas recibían un número, así, las ocupadas por los niños vascos eran de la 1 a la 6, de la 8 a la 14 correspondían a los niños asturianos y la casa número 7 sería la de Moscú.

Un examen de conocimiento general separó a los niños por niveles y clases. Todas las asignaturas eran impartidas por profesores Españoles y los libros de texto utilizados fueron especialmente editados para la ocasión, incluso hispanistas soviéticos elaboraron una antología de la literatura española clásica y moderna. Se seguía el programa escolar elaborado por la República al que se sumaron clases de lengua rusa. Además, los niños recibían clases de música y arte. Por una parte, se trataba de que los niños españoles aprendiesen la lengua y la literatura rusa,  y de otra que siguiesen cursando las asignaturas propias del sistema educativo español para no desvincularse de su país de origen.

Una de las clases en las Casas de Niños

Ciertamente los niños estaban recibiendo una educación elitista a la que jamás podrían haber aspirado en España. Pero nada era gratuito. Stalin tenía muy claro el futuro de los niños cuando les concedía toda esas facilidades: no eran sino un “capricho más del dictador georgiano”  y tener en sus manos el futuro de los niños sabiendo que tarde o temprano regresarían a España posiblemente convertidos en personalidades  públicas era muy tentador…

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