Capítulo 2 – La Evacuación.

Se organizaron en total cuatro expediciones que llevaron a Rusia a cerca de tres mil menores acompañados de educadores y personal auxiliar. La primera expedición partió del puerto de Valencia el 21 de marzo de 1937. Una segunda, del puerto de Santurce (Bilbao), el 13 de junio de ese mismo año. La tercera, del puerto del Musel (Gijón), el 24 de septiembre de 1937 y la última de Barcelona a finales de octubre de 1938. Las edades oscilaban entre 3 y 14 años y la mayoría de los niños procedían del País Vasco, Asturias y Santander.

Salida de Gijón con más de mil niños a bordo

Los últimos niños dejaron España en octubre de 1938. Unos meses antes, en julio, tuvo lugar la última gran ofensiva Republicana, la Batalla del Ebro,  que agotó definitivamente las fuerzas, la moral y las reservas republicanas.  

Socorro Rojo Internacional fue el organismo encargado de gestionar las evacuaciones. Los niños que salieron de Santurce lo hicieron de forma organizada: los padres les acompañaban, les despedían y veían zarpar el barco sabiendo que su destino era la Unión Soviética. En cambio, las evacuaciones en otros puntos de España fueron mucho más caóticas: el ejército franquista avanzaba y el contacto con las familias se hacía cada vez más difícil. Una de las niñas que viajaba en el barco, Margarita Peláez  contaba muchos años después:

“Yo tenía entonces diez años y mi hermana ocho, embarcamos en Gijón y esperábamos a mis padres que iban a ir a despedirnos, pero mi madre llegó tarde. Cuando ya estábamos en la bodega, porque allí no había camarotes, alguien me gritó: “Margarita, tu madre te está llamando” pero ya no pude salir. Y me quedé con la angustia de no haber podido despedirme de mi madre. Jamás volví a verla, ni a mi padre. Siempre me he acordado de ese día.”

La primera parada fue Francia y tras varios días de espera, por fin llegó el momento de embarcar hacia la Unión Soviética. Uno de los barcos encargado de trasladar a los niños sería el lujoso “Cooperación”. Una tripulación vestida de gala daba la bienvenida a los hijos de los héroes de la Guerra Civil. A pesar de la majestuosidad del barco, el número de menores era demasiado elevado y muchos de ellos tuvieron que dormir en bodegas.  La segunda parada fue Inglaterra, allí otro barco aguardaba y el trayecto desde este punto hasta Leningrado fue mucho más cómodo.

Los recuerdos del viaje son confusos: casi todos recuerdan la mantequilla y el chocolate que saborearon después de haber estado meses sin probar semejante manjar pero pocos son los que recuerdan a un niño que no paraba de llorar porque le dolía un dedo y en realidad lo que le pasaba era que echaba de menos a su madre…

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