Capítulo 3 – La Bienvenida.
octubre 28, 2010
La euforia de los niños iba creciendo a medida que el barco se acercaba a aguas soviéticas. No querían perderse “los ríos más caudalosos del mundo, los ferrocarriles más largos ni el pan más blanco del mundo” (José Fernández Sánchez).
En Leningrado les aguardaba una multitud ansiosa por ver de cerca a los hijos heroicos del pueblo español: una orquesta, cientos de banderas rojas y alguna republicana, pero sobre todo, pancartas y pancartas con un mismo rostro. Pronto ese rostro que para los niños sólo era el de un señor con bigotes, se convirtió en la imagen del TODO, de lo ABSOLUTO.
Después del caluroso recibimiento, tal y como correspondía a una maniobra con un trasfondo propagandístico en la que se demostraba el apoyo soviético a la lucha contra el fascismo en España, los niños fueron conducidos a una casa de baños dónde les asearon y les dieron ropa nueva. Ropa rusa: trajes de marinero con botones dorados, pantalón largo y zapatos nuevos. A continuación, el inevitable reconocimiento médico. La tuberculosis había hecho mella en el grupo y los primeros recuerdos de muchos niños empiezan en las blancas paredes de un hospital ruso.
Inicialmente la residencia de los españoles sería un lujoso hotel en Leningrado a la espera de ser trasladados a los centros de acogida espacialmente preparados para ellos: las casas de niños. Muchas de estas casas habían sido residencias de descanso de los Sindicatos e incluso pequeños palacios pertenecientes a la burguesía que habían sido expropiados durante la Revolución de Octubre.
La vorágine de acontecimientos mantenía a los niños indagando en su nueva vida. Todo era extraño, todo requería una explicación, el desconcierto ante todo lo desconocido no dejaba tiempo para la nostalgia…
Capítulo 2 – La Evacuación.
octubre 27, 2010
Se organizaron en total cuatro expediciones que llevaron a Rusia a cerca de tres mil menores acompañados de educadores y personal auxiliar. La primera expedición partió del puerto de Valencia el 21 de marzo de 1937. Una segunda, del puerto de Santurce (Bilbao), el 13 de junio de ese mismo año. La tercera, del puerto del Musel (Gijón), el 24 de septiembre de 1937 y la última de Barcelona a finales de octubre de 1938. Las edades oscilaban entre 3 y 14 años y la mayoría de los niños procedían del País Vasco, Asturias y Santander.
Los últimos niños dejaron España en octubre de 1938. Unos meses antes, en julio, tuvo lugar la última gran ofensiva Republicana, la Batalla del Ebro, que agotó definitivamente las fuerzas, la moral y las reservas republicanas.
Socorro Rojo Internacional fue el organismo encargado de gestionar las evacuaciones. Los niños que salieron de Santurce lo hicieron de forma organizada: los padres les acompañaban, les despedían y veían zarpar el barco sabiendo que su destino era la Unión Soviética. En cambio, las evacuaciones en otros puntos de España fueron mucho más caóticas: el ejército franquista avanzaba y el contacto con las familias se hacía cada vez más difícil. Una de las niñas que viajaba en el barco, Margarita Peláez contaba muchos años después:
“Yo tenía entonces diez años y mi hermana ocho, embarcamos en Gijón y esperábamos a mis padres que iban a ir a despedirnos, pero mi madre llegó tarde. Cuando ya estábamos en la bodega, porque allí no había camarotes, alguien me gritó: “Margarita, tu madre te está llamando” pero ya no pude salir. Y me quedé con la angustia de no haber podido despedirme de mi madre. Jamás volví a verla, ni a mi padre. Siempre me he acordado de ese día.”
La primera parada fue Francia y tras varios días de espera, por fin llegó el momento de embarcar hacia la Unión Soviética. Uno de los barcos encargado de trasladar a los niños sería el lujoso “Cooperación”. Una tripulación vestida de gala daba la bienvenida a los hijos de los héroes de la Guerra Civil. A pesar de la majestuosidad del barco, el número de menores era demasiado elevado y muchos de ellos tuvieron que dormir en bodegas. La segunda parada fue Inglaterra, allí otro barco aguardaba y el trayecto desde este punto hasta Leningrado fue mucho más cómodo.
Los recuerdos del viaje son confusos: casi todos recuerdan la mantequilla y el chocolate que saborearon después de haber estado meses sin probar semejante manjar pero pocos son los que recuerdan a un niño que no paraba de llorar porque le dolía un dedo y en realidad lo que le pasaba era que echaba de menos a su madre…
Capítulo 1 – Salvemos a los niños…
octubre 26, 2010
Año 1936: España lucha contra una dictadura que no se merece. Lucha con lo que tiene, hasta el final, hasta quedarse sin fuerzas.
Al otro lado, un ejército perfectamente organizado… En tres años, nuestro País, vive uno de los episodios más trágicos de su historia. Aquello que empezó siendo una insurrección militar se convirtió en una larga y sangrienta guerra para la que nadie estaba preparado.
En 1937 el destino de España ya estaba sentenciado. El avance de las tropas franquistas era imparable y salvar a los niños de los bombardeos era una prioridad. Muchas familias huían con sus hijos, pero otras muchas, atendiendo las recomendaciones del aún vigente gobierno consintieron a la evacuación de los niños al extranjero.
La emigración infantil durante la Guerra Civil Española fue un episodio sin precedentes: muchos niños fueron enviados a Latino América, otros a Inglaterra, Francia, pero la emigración más insólita fue la protagonizada por casi tres mil niños (otras fuentes elevan esta cifra a más de cuatro mil) que fueron evacuados a la Unión Soviética. Insólita porque a diferencia de los niños evacuados a otros países, los niños rusos no regresaron a España al acabar la guerra. Muchos, siguen allí…
La evacuación de los niños a otros países estaba gestionada por el llamado Ministerio de Instrucción Pública y apoyado por diferentes organismos no gubernamentales, entre ellos, Socorro Rojo Internacional. Las campañas “Por una infancia Feliz”, “Ayuden a los niños españoles” o “What are you doing to prevent this?” se expandieron por toda Europa. Salvar a los niños españoles se convirtió en una prioridad mundial y fueron muchos los países que ofrecieron su ayuda: Méjico, Bélgica, Inglaterra, Dinamarca, Suiza y Rusia.
Ante la actitud reticente de algunos padres de enviar a sus hijos a otros países, el delegado general de Evacuación, para convencerlos, envió una nota a la Prensa, cuando la conquista por las tropas de Franco del Frente Norte era prácticamente un hecho inminente:
“La evacuación no representa la derrota de un pueblo, sino todo lo contrario, significa preparar las condiciones de la victoria, puesto que todo lo que no es utilizable en la Guerra, entonces entorpece los movimientos del Ejército. Combatientes… ¡Imitemos a Madrid; sepamos desposeernos de sentimientos ñoños, enviando a nuestras familias a lugares más tranquilos y preparémonos para defender Asturias!¡Por la Guerra y nuestro prestigio revolucionario, aceptemos la orden de evacuación!”.
Era un viaje que parecía una excursión de colegio, pero esas “vacaciones” se convirtieron en toda una vida…




